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Animales no peligrosos
Samy, mi Labradora
Un
cuidador de fieras, en el Zoológico del Parque Metropolitano de Santiago, fue
atacado por un tigre blanco (da igual el color, por cierto), mientras el hombre
lo alimentaba. Fue necesario ultimar a la bestia, lo que desencadenó un
sinnúmero de protestas de los defensores a ultranza de los animales.
En lo
que a mí respecta, jamás he tenido duda alguna respecto del valor del ser
humano frente al animal. No era una disyuntiva el hecho ocurrido en la capital,
ya que lo elemental era privilegiar la integridad del cuidador.
Por mi
parte, amo a los animales, pero siempre que no sean agresivos – ni conmigo ni
con mi familia - ni me priven de la comodidad natural. Mucho se podrá argüir
acerca de los objetivos de tenerlos en cautiverio, pero me guío por las
palabras del veterinario Sebastián Jiménez, el famoso “Lindorfo”, quien declaró
– esta mañana, por ADN – que cumple otros objetivos, esencialmente médicos,
como la mantención de la especie, por ejemplo. Concuerdo, sin embargo, con la
delimitación de un espacio más amplio, no en ese caso, pero sí - por lo menos,
lo que recuerdo – del Zoo del Quilpué, todo lo cual va en beneficio de los
animales.
En el
caso señalado, muchos sostuvieron que se debió esperar, que mejor era aplicarle
sedantes, que esto y lo otro. Lo vergonzoso es que ni siquiera aguardaron las
investigaciones (muy común en nuestro país), sino levantaron los brazos
reclamando, que el cuidador aquí, que los fusiles allá, en una suerte de
cruzada moderna, en una suma de despropósitos que sorprende.
Llegar
al extremo de privilegiar la vida de los animales es un exceso. Recuerdo cuando
vivíamos en Viña del Mar, una pareja de personas mayores gustaba de alimentar a
cinco o seis perros callejeros, pero sin hacerse cargo de albergarlos (muy
fácil, ¿cierto?) Un día, uno se abalanzó agresivamente contra un niño, entonces
chiquitito, y cuando el padre enfrentó al can, el señor se molestó. Lo encaró
y, no contento con ello, lo denunció a Carabineros (me imagino que saben que
está prohibido alimentar a los perros en la vía pública). El mal rato hizo
reflexionar al defensor de los animales respecto de la tenencia responsable de
mascotas.
Mi
Labradora, muy querida, será nuestra mascota en tanto cumpla con los
lineamientos de mi familia, es decir, juguetona, protectora, solidaria; cuando
se aparte de uno de ellos y actúe en su contra (hasta de mí lo acepto), dejará
de serlo y deberá irse. Suena frío, pero es así.
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