Vistas de página en total

2,339,343

Tus comentarios

IMPRIMIR

Print Friendly and PDF

Licencia Creative Commons

Este trabajo tiene licencia bajo CC BY-NC-ND 4.0

La última publicada

Discurso del ascensor: La clave para presentar tus ideas con impacto

“Un cabezazo inolvidable”




Me senté en el asiento del pasillo del bus que comenzaba a llenarse. Suerte la mía que puedo tomarlo en calle Quillota, allá por 11 Norte, pues a veces quedan asientos desocupados. En todo caso, si no quedan disponibles, no me complica ya que aún queda algo de juventud para soportar un viaje de 25 minutos sin cansarme. Y lo refrendo, porque nadie me ofrece el asiento, por lo que presumo que los estudiantes dirán para sí - Ah, este tipo no es viejo, así que se vaya parado. 


Me senté, como dije, y me puse los audífonos para escuchar mi radio predilecta, la que me informa lo que todos deben saber y lo que muchos no quieren que se sepa, a este paso, la ADN Radio Chile deberá pagarme una comisión, muchos de mis amigos y alumnos saben mi gusto radial y se encantaron con la radioemisora.


Decía que me senté, ya me he detenido un par de veces, esta costumbre de hablar y hablar hasta a mí me cansa. Iba un tipo joven a mi lado que, a juzgar por los cabeceos continuos, concorde el bus frenaba o aceleraba, debe haber tenido una jornada de duro trabajo – no era estudiante – o “carrete”. Iba premunido de auriculares, por lo que podía ser alguna música cadenciosa que lo dejaba en estado somnoliento, algún reggaetón o cumbia pop.


Se comienza a llenar el bus; dos jóvenes, aparentemente universitarios, aunque algo coprolálicos en sus expresiones, se paran a mi lado, y comienzan a hablar tópicos estudiantiles superiores, que tal ramo, la malla, los prerrequisitos, estuve tentado de decirles que esta palabrita es redundante, pues no hay requisitos de los requisitos, pero seguí atento.


Repentinamente, una frenada más brusca; mi compañero de asiento, ya en los brazos de Morfeo, es decir, casi roncando, se va hacia adelante y ¡zaz!,  un sonoro frentazo de antología con el pasamanos del asiento delantero, que lo hace despertar bruscamente y mirar desconcertado hacia todos lados. 


Los dos jóvenes hacen esfuerzos estériles por no reírse, tanto que el varón se cambia de lado, mientras se tapaba con la capucha para disimular; su compañera, cada vez más frecuentemente, hacía lo propio y retaba a su compañero por incitarla a la risa. El del golpe hacía como que no entendía, aunque de vez en cuando dirigía miradas de molestia a los risueños. Pensé,  este se para y le tapa la boca de un combo al molesto de la risa indisimulada. 


Se desocupa un poco el bus y los dos molestos burlones se sientan algo más lejos, donde prosiguen con sus risas, ya distantes del afectado. Dos paraderos más allá, por fin, se baja el que timbró el pasamanos y yo descanso. No hubo “mocha”. 


Debe haber aprendido que no debe dormir en el bus y, si lo hace, tienda la mano hacia adelante y afírmese. Fácil, ¿cierto?

Comentarios