Vistas de página en total

2,339,498

Tus comentarios

IMPRIMIR

Print Friendly and PDF

Licencia Creative Commons

Este trabajo tiene licencia bajo CC BY-NC-ND 4.0

La última publicada

Discurso del ascensor: La clave para presentar tus ideas con impacto

“Un kiosco y Marco Antonio Solís”




De paseo por Avenida Pedro Montt, en el llamado, ambiciosamente,  “Gran Valparaíso”. Un propósito me guiaba: comprar cigarrillos entre los múltiples kioscos que pueblan las veredas. Si algo debe envidiarle la Ciudad Jardín al Primer Puerto de la República es que aquí, por lo menos, el comercio callejero es escaso, unos pocos puestos por acá, otros por allá. Recuerdo en un ramalazo calle Quillota y me decepciono, si por allá entre los malos olores y los pasadizos no puedes caminar. 


Me acerco al puesto y, como veo al dueño agachado arreglando algunos diarios y revistas espero; lo saludo igual, mientras escucho una canción romántica a buen volumen. Son las 10 de la mañana, por lo que la ciudad recién despierta; algunos transeúntes caminan presurosos en busca de esto o aquello; hago lo que otros hacen: leer los titulares de los diarios, entre los que destacan La Estrella, LUN y La Tercera. “Meteorólogos piden perdón en patota”, encabeza el segundo de los nombrados y recuerdo que el fin de semana hasta yo me sumé a los pronósticos de intensas lluvias para el jueves y viernes. Y solo vi chubascos en la madrugada del jueves, es decir, no los vi, vi algunos charcos. Deberé pedir perdón por creer en los pronósticos.


Busco ahora el tema del afamado MAS, el de apariencia y voz de predicador, mexicano, y debo escuchar sus selecciones musicales hasta decir ¡Este es! 

Mientras, aguzo mis recuerdos y preciso que le dije:

-       Un temazo. 

Se escuchaban algunas frases: “No hay nada mas difícil que vivir sin ti/ Sufriendo en la espera de verte llegar,/El frio de mi cuerpo pregunta por ti/ Y no sé donde estas,/ Si no te hubieras ido sería tan feliz”. 

-       Es cierto – respondió. Y como si hubiese sido necesario que yo hablase algo, aunque hubiera sido del tiempo, se sintió en confianza y prosiguió – no me molesta cuando mis amigos me dicen “Macabeo”; al contrario, me siento agradecido porque tengo una señora a la que amo, unos hijos maravillosos y aquí me ve, trabajando de sol a sol, pero tengo una razón para todo esto. 
-       Así es – fue lo único que atiné a contestar, pues la simple filosofía de ese modesto señor me impresionó.

Luego de comprar y pagar, me despedí de él, mientras resonaban en mis oídos los cálidos aires de “No hay nada más difícil que vivir sin ti”, el temazo en cuestión.   

Comparto la alegría de este porteño y me declaro, como antes y ahora, acá y allá, “Macabeo”, como él y como otros, con el mismo orgullo y simpleza. 
   
¡Ah! Y en verdad es un temazo.

Comentarios