viernes, 9 de junio de 2017

'Cien años de soledad: 50 años'





A cincuenta años de su publicación, aún me conmueve recordar cuando tuve la oportunidad de aproximarme a ella. 


Es la obra más extraordinaria que he leído. En sus páginas conocí el ‘Realismo Mágico’, el árbol genealógico más enrevesado, las protagonistas más hermosas y fatales, el mito urbano más fantástico, el pueblo más inexpugnable, la vegetación más exuberante y los gitanos más singulares. Todo mezclado, entremezclado y vuelto a mezclar, en una sinfonía de sonidos, olores, sensaciones, visiones, historias y sufrimientos que la hacen inigualable.


Mauricio Babilonia y su oleada de mariposas, el Coronel Aureliano Buendía y su resistencia sobrehumana, Melquíades y su sapiencia, Remedios la Bella, los diecisiete Aurelianos del que solo sobrevive Aureliano Amador, el bebé cola de puerco, el joven coronel que entrega dos mulas con el tesoro de la Revolución (y que veremos más tarde en ‘El coronel no tiene quién le escribe’), Pilar Ternera y su concubinato con los varones de la familia, la competencia de comida, la enfermedad del insomnio, la venda negra en la mano de Amaranta, las hormigas rojas y un sinnúmero de historias que maravillan. 


‘Cuídate la boca’ era una de mis preguntas favoritas. Quizá más de algún alumno intentó presumir diciendo que no lo había leído, pero esta prueba era inabordable si no se dominaba su lectura. 


Con ella aprendí que habrá muchos imitadores; aprendí a releerla para identificar algunas señales; aprendí que jamás podré desentrañar sus intensos y numerosos significados.


Hay novelas hermosas; también las hay desafiantes.


‘El Principito’ es, casi sin discusión, la más hermosa. 


‘Cien años de soledad’, la más desafiante.


Si la leyó, reléala. Si la está leyendo o piensa hacerlo, lo felicito. 


No la olvidará. Así como nunca olvidará a las personas que ama. O amó.
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