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El
chofer conversaba con su acompañante, un hombre de mediana edad que iba
acomodado en el asiento que habitualmente reservan estos personajes a sus
amigos.
Este
último le comentaba que años atrás había adquirido un microbús que manejaba
hasta el sábado en la mañana; en la tarde le hacía mantención, para así tener
libre el domingo.
No
pasaron seis meses cuando decidió devolver el vehículo, por el que le
restituyeron más de la mitad del dinero pagado.
Sin
embargo, cuando mencionó la aparición de un abogado que lo quiso estafar, según
propia confesión.
Cada
vez que se encontraba con él, este muy cordialmente lo intentaba engatusar; no
obstante, cuando aparecía su mujer en escena arrancaba rápidamente.
- Ella
– contaba – intuía que este fulano andaba detrás de dinero, por lo que le había
advertido varias veces que tuviera cuidado.
Fue
allí cuando me acordé del epíteto de ‘bruja’ cuando algunos se refieren a su
pareja.
Averiguando
por acá y por allá, no consignaré la connotación peyorativa que a tal término
se le asigna ni una supuesta significación de suegra, ambos muy ofensivos, sino
me referiré a una acepción que se relaciona con:
6.
f. Mujer que parece presentir lo que va a suceder.
Es
el sexto sentido femenino – que nosotros no tenemos, por cierto – y que les
permite intuir cuando algo va por mal camino.
El
‘Te lo dije’ femenino viene como consecuencia de nuestra porfía.
En
todo caso, sea por el significado que sea, jamás le diga a su pareja:
- Eres
una bruja.
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