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Actualizado el 9/4/2021
(RAE, 2010)
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Extraído de RAE |
Alfabeto
Muchos
crecimos con la b larga y la v corta, ¿cierto?
Sin
embargo, la mejor manera de demostrar que el lenguaje es un ente vivo y
evoluciona, sea por su propia naturaleza, sea por la influencia de los hablantes, es que la RAE siempre precisa, delimita, sanciona –legaliza – o
prohíbe derechamente.
Uno de
los casos más representativos – los modistas dirán ‘emblemático’, acusando con
ello una falta de originalidad impresionante – lo constituye la pronunciación
de las consonantes ‘b’ y ‘v’.
La
llamada ‘b’ larga debe decirse be, en tanto que la ‘v’ corta, uve. La ‘w’ es
doble uve.
El
mejor ejemplo es la entidad BBVA, pues usted la lee be-be-uve-a.
Una
explicación más normativa – y que Ud. no puede pasar por alto si es que le
interesan los argumentos fiables – es la contenida en la RAE, que cito:
El nombre uve para la v es relativamente
reciente y no se incorpora al diccionario académico hasta la edición de 1947 y
a la ortografía hasta 1969. Surge de unir los nombres de los dos valores que originariamente
tuvo esta letra: u (vocal) + ve (consonante). En un principio, la v se
denominaba por escrito v consonante o u consonante por oposición a la u vocal
con la que compartió oficios durante siglos. Desde 1869 pasó a llamarse ve,
siguiendo la pauta característica de los nombres de la mayoría de las
consonantes. Durante mucho tiempo esta fue la única denominación reconocida
para la v en las obras académicas, lo que explica su arraigo y actual vigencia
en el español de América. El nombre uve nace de la necesidad de distinguir
oralmente los nombres de las letras b y v, ya que las palabras be y ve se
pronuncian del mismo modo en español. Precisamente esa virtud distintiva del
nombre uve es lo que justifica su elección como la denominación recomendada
para la v en todo el ámbito hispanoamericano.
Por último, el nombre uve doble para la w
es reflejo del origen de esta letra, que nace por duplicación de la uve.
Una de
las afirmaciones más interesantes que se formula es la relativa a que, en algún
momento, la uve sirvió como vocal (u) y consonante (v). ¿Lo sabía?
Probablemente no.
Pues
bien, una de las formas de verificarlo – y muy simple – es la derivación de las
palabras, es decir, que las derivadas se escriben como las primitivas.
Así,
por ejemplo, mesero, mesón, mesita, mesilla y mesonero se escriben con ‘s’
porque provienen de mesa. Esta es una regla de ortografía literal que jamás
debiera olvidar, aunque – como ya es sabido – tiene excepciones, pues nuestro
idioma es, precisamente, de las excepciones; de allí su dificultad.
En
cambio, ‘huevo’, aunque provenga de ovoide, óvulo, óvalo y ovario se escribe
con ‘h’ inicial. Igual ocurre con ‘hueso’, que está emparentado con óseo y
osamenta.
Y acá
se hace un poco de historia: con el fin de que ‘uevo’ (u – v) se precisara que
era ‘bebo’ (u consonante) y no ‘uevo (u vocal), se determinó que en diptongo
inicial (usted ya sabe qué es un diptongo) ‘ue’ se antepusiera ‘h’.
Lo
anterior confirma el doble valor – en desuso, por cierto - de la uve (u vocal y
v consonante).
Ya lo
sabe, entonces: be u uve, sin más. En cuanto a la w,
prefiero ‘doble uve’ y no ‘uve doble’.
RAE. (2010). Letras con varios nombres.
Obtenido de http://aplica.rae.es/orweb/cgi-bin/v.cgi?i=gGtOvJVTqdLmOmKZ
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