Descubre qué es la
ironía, por qué se considera una figura fronteriza entre los tropos y las
figuras de pensamiento, y cómo funciona mediante ejemplos claros y comentados.
Antes de comenzar
con el desarrollo de esta figura perteneciente a los Tropos, prosiguiendo con
la serie de recursos líricos, seguramente, estimado lector, advirtió que esta,
la Ironía, ya fue expuesta en las Figuras de pensamiento y se preguntará el
porqué de esta dualidad.
Al igual que lo
ocurrido con la Gradación, presente en Figuras de sintaxis y de pensamiento, la
Ironía puede denominarse figura fronteriza, tomando en cuenta que puede
hallarse en ambas categorías señaladas, dependiendo del criterio de análisis
adoptado.
Veamos el detalle:
La Ironía se
considera Tropo cuando el énfasis está en la sustitución semántica, esto es se
dice algo para significar lo contrario, por lo que hay un movimiento del
significado textual al implícito.
Desde este enfoque, la ironía funciona
como una inversión del sentido, semejante —aunque no idéntica— a otros
tropos basados en el cambio de significado.
Ejemplo clásico:
“¡Qué puntualidad la tuya!” (dicho tras un retraso).
El significado literal (“eres puntual”)
se sustituye por su contrario (“eres impuntual”).
Por el contrario, la Ironía como figura
de pensamiento corresponde a la actitud intelectual o valorativa que hace el
hablante.
Aquí:
- El
enunciado puede ser perfectamente correcto en su forma.
- La
ironía no está en las palabras, sino en la intención, el tono
y el contexto.
- Requiere
la complicidad del lector u oyente.
En este sentido, la ironía es una forma
de distanciamiento crítico, muy frecuente en la sátira, el humor, la
poesía y el discurso político.
Conclusión didáctica:
Como tropo, la ironía se estudia por el sentido
contrario de lo dicho.
Como figura de pensamiento, se estudia por la intención crítica del
hablante.
Ambos enfoques no se contradicen: se
complementan.
Ahora bien, entrando en materia, la
Ironía como tropo consiste en expresar lo contrario de lo que realmente se
piensa, confiando en que el contexto permita al lector u oyente reconocer
la intención verdadera del hablante.
A diferencia de otras figuras, la ironía
no puede comprenderse aisladamente: necesita de la situación
comunicativa, del conocimiento compartido y, muchas veces, del tono. Por ello, se
comprende mejor afirmando que se afirma algo en apariencia positivo o neutro,
cuando en realidad se quiere comunicar una idea opuesta, generalmente
con fines críticos, humorísticos o expresivos.
Características principales
- El sentido
literal es distinto (y opuesto) al sentido real.
- El contexto
es indispensable para su interpretación.
- Suele
implicar distancia, burla sutil o crítica implícita.
- No
necesita marcas explícitas: su fuerza radica en la insinuación.
Ejemplos comentados
- ¡Qué
puntualidad la tuya!
(Dicho tras un retraso
evidente).
El elogio aparente se invierte: el
hablante señala la impuntualidad con mayor eficacia que una recriminación
directa.
- Gracias
por la alegría de tu silencio.
La palabra alegría adquiere un
valor irónico: el silencio no ha sido grato, sino doloroso o decepcionante. El
contraste intensifica la carga emocional.
- Ejemplo
literario (breve):
“Era un hombre admirable: jamás cumplía
su palabra.”
La ironía se construye por oposición
entre admirable y la conducta descrita.
Ironía y lector
La ironía exige un lector activo, capaz
de:
- Reconocer
la contradicción.
- Inferir
la intención real.
- Completar
el sentido más allá de lo literal.
Por ello, es una figura privilegiada en
la literatura, donde la ambigüedad y la sugerencia enriquecen el significado.
Hechas las distinciones, cierro esta
publicación invitándolos a estar atentos ante la siguiente figura con nombre complejo: Antonomasia.

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