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Anfibología: qué es, ejemplos, cómo evitarla y cuándo puede ser un recurso expresivo

 


Descubre qué es la anfibología, revisa ejemplos claros, aprende cómo evitar la ambigüedad y cuándo puede transformarse en recurso expresivo.

Iniciaré la serie de vicios semánticos con Anfibología.

El DLE la define:Del b. lat. amphibologia, formado por haplología del gr. ἀμφίβολος (amphíbolos, ‘ambiguo’) y el lat. -logía.

f. Sentido equívoco que presenta una palabra o una expresión en un determinado contexto.

f. Ret. Empleo voluntario de voces o cláusulas con doble sentido.

Siempre ejemplifico el prefijo anfi (doble, a ambos lados, alrededor) con anfibio, es decir, un animal o vehículo que se desplaza por dos medios, agua y tierra, por ejemplo.

En términos simples: hay anfibología cuando una oración puede interpretarse de más de una manera debido a su estructura, no necesariamente por el significado aislado de una palabra.

Ahora bien, cuando la anfibología es voluntaria habrá qué preguntarse cuál es la intención del autor; sin embargo, cuando es producida por la inexperiencia o descuido del emisor le añade otro componente que distorsiona el mensaje.

Veamos ejemplos:

1. “Vi a Andrea en el parque.”

La ambigüedad radica en el complemento circunstancial en el parque.

Puede significar:

·         Yo estaba en el parque y allí vi a Andrea.

·         Andrea estaba en el parque (sin precisar dónde estaba yo).

Puede resolverse:

“Vi a Andrea mientras paseaba en el parque.”

“Yo estaba en el parque cuando vi a Andrea.”

 

2. “Juan y Pedro se fueron a la tienda de zapatos de su madre.

El posesivo su es el núcleo del problema:

Puede significar:

·         La tienda pertenece a la madre de ambos.

·         La tienda pertenece a la madre de solo uno de ellos.

Los posesivos sin aclaración previa son una fuente frecuente de anfibología. “Fueron a la tienda de zapatos que pertenece a la madre de Juan.”

 

3. “El perro vio al gato con el telescopio.

Caso clásico de ambigüedad sintáctica:

·         El perro usó el telescopio.

·         El gato tenía el telescopio.

El complemento con el telescopio puede modificar al verbo o al sustantivo. Lo resolvemos si escribimos ‘El perro vio a través del telescopio al gato’ o ‘El perro vio al gato que llevaba el telescopio’.

 

4. “Le dije a Ramón que estaba equivocado.

Puede significar que

·         Ramón estaba equivocado

·         Quien habla reconoce que estaba equivocado.

Puede solucionarse si señalo ‘Le dije a Ramón que él estaba equivocado’ o ‘Le dije a Ramón que yo estaba equivocado’.  

 

5. “El profesor habló con el estudiante enojado.”

Puede indicar que

·         el profesor estaba enojado.

·         el estudiante estaba enojado.

 

Se soluciona si se especifica el enojado: ‘El profesor enojado habló con el estudiante’ o ‘El profesor habló con el estudiante que estaba enojado’.

 

6. “María le contó a Ana su secreto.

No se sabe si el secreto es:

·         de María

·         de Ana.

Lo resolvemos si decimos ‘María le contó su secreto a Ana’.

¿Cómo evitar la anfibología?

·         Reordenar la oración.

·         Especificar el referente de los posesivos o pronombres.

·         Añadir información contextual clarificadora.

La anfibología suele presentarse como un vicio del lenguaje porque genera ambigüedad involuntaria y, con ello, afecta la claridad del mensaje. En contextos académicos, jurídicos, administrativos o informativos, donde la precisión es esencial, su presencia puede provocar interpretaciones equívocas, confusión o incluso errores de comprensión.

Sin embargo, no toda ambigüedad es necesariamente un defecto. En el ámbito literario, humorístico o publicitario, la ambigüedad puede emplearse de manera intencional como recurso expresivo. El doble sentido, la ironía o ciertos juegos semánticos descansan precisamente en esa posibilidad de interpretar más de una lectura. En esos casos, la anfibología deja de ser un descuido y se convierte en una estrategia discursiva.

La diferencia, entonces, no radica únicamente en la estructura lingüística, sino en la intención comunicativa y en el contexto de uso. Cuando la ambigüedad es involuntaria, hablamos de un vicio; cuando es deliberada y funcional al efecto buscado, puede transformarse en un recurso estilístico.

Cuando estaba en plena redacción de este vicio, pensé en el doble sentido, típico en nuestra idiosincrasia.

¿Puede haber nexos de sentido entre ambos?

Sí, se puede sostener que el doble sentido muchas veces se apoya en estructuras anfibológicas, aunque no son exactamente lo mismo.

Veamos el detalle:

Mientras la anfibología, como lo he señalado más arriba, es una ambigüedad estructural, intencionada o no, que permite más de una doble interpretación, el doble sentido, en cambio, suele ser una explotación intencional de esa ambigüedad con fines humorísticos, picarescos o irónicos. Es decir, la anfibología puede ser el mecanismo; el doble sentido, el efecto buscado.

En el español de Chile —tan fértil en ironía, insinuación y picardía— este recurso aparece con frecuencia en conversaciones cotidianas, memes, titulares ingeniosos y publicidad.

Aquí algunos ejemplos donde la ambigüedad estructural facilita el doble sentido:

1. “Te estoy mirando.”

Dependiendo del tono y del contexto, puede ser advertencia, amenaza lúdica o insinuación afectiva. La estructura es simple; la ambigüedad surge del valor pragmático.

2. “Te la dejo ahí.” (te la dejo botando, como si fuera un balón)

Expresión muy chilena. Puede ser literal (dejar algo físicamente) o insinuar que se deja una idea “para que el otro la procese”, a menudo con carga irónica.

3. La manzana no cae lejos del árbol’

La consigno, además de ser un ejemplo de doble sentido, porque es la que usa graciosamente mi hija cuando le critico alguna acción, reacción, etc. Me responde con esta frase.

En su sentido literal, describe un hecho físico: el fruto cae cerca del árbol del que proviene.

En su sentido figurado —el habitual— alude a la semejanza entre padres e hijos: rasgos de carácter, conductas, talentos o incluso defectos que “se heredan” o se reproducen.

Aquí el doble sentido no surge de una ambigüedad sintáctica (la estructura es clara), sino de la polisemia y la metáfora. Es un caso distinto al de la anfibología estructural, pero igualmente productivo en términos expresivos.

¿Puede volverse humorístico?

Sí, especialmente cuando se usa en contextos irónicos:

·         Si un hijo comete la misma imprudencia que su padre (acá más mi hija que mi hijo).

·         Si alguien demuestra una habilidad notable heredada.

·         Incluso puede emplearse con intención sarcástica.

En ese uso, el receptor debe activar la lectura figurada para comprender el mensaje implícito.

En estos casos, la ambigüedad no es un error; es un recurso culturalmente compartido. El interlocutor reconoce la posibilidad de más de una lectura y participa activamente en la construcción del sentido.

Desde una perspectiva didáctica:

·         No toda ambigüedad es descuido.

·         El contexto determina si estamos ante un vicio del lenguaje o ante un recurso expresivo.

·         El dominio de la lengua implica saber evitar la ambigüedad cuando se requiere precisión… y saber emplearla cuando se busca efecto.

En definitiva, la anfibología no debe entenderse únicamente como un error que hay que evitar a toda costa. Su valoración depende del contexto comunicativo, de la intención del emisor y del efecto que se busca en el receptor. En textos informativos, académicos o normativos, la ambigüedad involuntaria debilita el mensaje y atenta contra la claridad. En cambio, en ámbitos como la literatura, el humor o la conversación coloquial, esa misma ambigüedad puede transformarse en un recurso expresivo eficaz y culturalmente compartido.

El doble sentido —tan presente en el español de Chile— demuestra que no toda ambigüedad es un descuido. Muchas veces, el hablante domina la estructura ambigua y la utiliza conscientemente para insinuar, ironizar o provocar una lectura implícita. El receptor, a su vez, reconoce esa posibilidad y participa activamente en la construcción del significado.

Desde una perspectiva didáctica, el desafío no consiste solo en eliminar la ambigüedad, sino en enseñar a reconocerla, evaluarla y decidir cuándo evitarla y cuándo aprovecharla. Dominar la lengua implica saber ser preciso cuando la situación lo exige, pero también saber jugar con el lenguaje cuando el contexto lo permite.

Y aquí la pregunta final queda abierta al lector:

¿Es la anfibología siempre un vicio del lenguaje?

¿O se convierte en un recurso expresivo cuando el hablante la usa de manera consciente y estratégica?

Finalmente, lo invito a desarrollar el minitest de comprensión lectora, con retroalimentación inmediata, y a mantenerse atento a la próxima entrega de esta serie dedicada a los vicios del lenguaje.

 

Minitest: Anfibología

Instrucciones: Marca una alternativa y obtendrás retroalimentación inmediata.

1. ¿Qué caracteriza principalmente a la anfibología?

A) La polisemia léxica
B) Una ambigüedad estructural
C) Un error ortográfico frecuente
D) Una figura literaria obligatoria

2. En la oración “María le contó a Ana su secreto”, la ambigüedad se produce por:

A) El tiempo verbal
B) El posesivo sin referente claro
C) La pronunciación
D) Una redundancia semántica

3. ¿Cuándo puede la anfibología convertirse en recurso expresivo?

A) Solo en textos académicos
B) Cuando el autor la usa deliberadamente
C) Cuando es un error gramatical
D) Cuando el lector no comprende

4. ¿Cuál es una estrategia adecuada para evitar la anfibología?

A) Repetir la oración sin cambios
B) Eliminar complementos
C) Especificar referentes y reorganizar la estructura
D) Utilizar palabras más técnicas

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