¿La
edad es un obstáculo para trabajar? Un análisis de las edades del gabinete de José
Antonio Kast invita a reflexionar sobre la discriminación laboral hacia las
personas mayores y el valor de la experiencia profesional.
De pura curiosidad, me di el trabajo
de averiguar las edades del Gabinete del Presidente JA Kast.
Grande fue mi alegría al comprobar que
ms presunciones eran ciertas, sin siquiera haber visto sus rostros ni conocer
sus nombres:
Fluctúan entre 30 (Ministra de la
Mujer y la Equidad de Género: Judith Marín) y 72 años (Ministro de Agricultura:
Jaime Campos).
Siete son menores de 50 años, en tanto
que diecisiete, mayores. Siete superan los 60 y dos, los 70 años.
Es decir, en la práctica, en cargos de
tal envergadura y enorme responsabilidad como dirigir un ministerio, se deposita
la confianza en personas mayores
¿Qué conclusiones nos dejan las cifras?
Las
cifras permiten extraer una conclusión evidente: la edad no parece ser un
obstáculo cuando se trata de asumir responsabilidades de alto nivel. Por el
contrario, en la conformación de un gabinete ministerial —instancia donde se
toman decisiones que afectan a todo un país— se observa una presencia
significativa de personas mayores de 50 e incluso de 60 y 70 años.
Esto
sugiere que, en ámbitos donde se valoran especialmente la experiencia, el
criterio y la trayectoria, la edad suele interpretarse como un activo más
que como una limitación. Resulta paradójico, entonces, que en muchos procesos
de contratación del mundo laboral se descarte a profesionales mayores de 50
años, pese a que su experiencia podría aportar estabilidad, conocimiento
acumulado y capacidad de resolución de problemas.
Las
cifras, por tanto, invitan a una reflexión: si para dirigir ministerios —con
responsabilidades políticas, administrativas y sociales enormes— se confía en
personas mayores, ¿por qué en otros ámbitos laborales se considera que la edad
constituye un impedimento?
Tal
vez la pregunta de fondo no sea cuántos años tiene una persona, sino qué
competencias, experiencia y criterio puede aportar a la organización o
institución en la que trabaja.
En
definitiva, las cifras parecen contradecir una práctica frecuente en el mercado
laboral. Mientras en muchas empresas se descarta a profesionales por haber
superado cierta edad, en la conducción del Estado —con responsabilidades
infinitamente mayores— se confía precisamente en personas con años de
experiencia, trayectoria y criterio.
La
evidencia invita a replantear ciertos prejuicios: si alguien puede dirigir
un ministerio, tomar decisiones estratégicas para un país y gestionar equipos
complejos, difícilmente su edad puede considerarse un impedimento para
desempeñar otras funciones laborales.
Tal
vez ha llegado el momento de revisar una idea demasiado extendida: que la
juventud es sinónimo de capacidad y que la madurez implica obsolescencia. La
realidad suele demostrar lo contrario: la experiencia acumulada también es
una forma de capital profesional.
De
allí surge la pregunta inevitable para el lector: si para gobernar un país
se confía en personas mayores, ¿por qué tantas organizaciones siguen
considerando la edad como un factor de exclusión laboral?
Veo en LinkedIn a profesionales
desesperanzados, porque su oportunidad laboral no llega, muchas veces por su
edad, como si este fuera el factor desequilibrante para relegar a un candidato.
Mi consejo es –también se los doy a mis alumnos—amplíe su red de contactos
hasta a profesionales de distinto rubro al suyo. No faltará quien haya tenido
una buena experiencia con su desempeño y lo recomendará.
Si usted es empleador, sea
verdaderamente inclusivo. Que la edad de sus postulantes no sea un obstáculo
para contratar personal. Recuerde que usted también cumple años.
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