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Actualizado el 31/12/2020
¿Qué
es un microcuento?
Es una
construcción literaria narrativa distinta de la novela o el cuento. Es la
denominación más usada para un conjunto de obras diversas cuya principal
característica es la brevedad de su contenido. El microrrelato también es
llamado microcuento, minificción, microficción, cuento brevísimo, minicuento.
Este
es el microcuento más corto que se conoce: siete palabras.
EL
DINOSAURIO
Cuando
despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto
Monterroso
EL
HOMBRE INVISIBLE
Aquel
hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.
Gabriel
Jiménez Emán
CUENTO
DE HORROR
La
mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones
Juan
José Arreola
LA
ÚLTIMA CENA
El
conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida
Ángel
García Galiano
MOLESTIA
Sentí
una molestia muscular, era la quinta vez que yo nacía.
Enrique
Vila-Matas
E-MAIL
http://www.AnayCarlosSeConocieronPorInternet.EstánAtrapadosEnEl@mor.hothothotmail.Fin//
Cuca
Canals
CRUCE
Cruzaba
la calle cuando comprendió que no le importaba llegar al otro lado.
Arturo
Pérez Reverte
CADA
COSA EN SU LUGAR
Hay
dramas más aterradores que otros. El de Juan, por ejemplo, que por culpa de su
pésima memoria cada tanto optaba por guardar silencio y después se veía en la
obligación de hablar y hablar y hablar hasta agotarse porque el silencio no
podía recordar dónde lo había metido.
Luisa
Valenzuela
PALABRAS
PARCAS
Abelardo,
Arsaín, astuto abogado argentino, asesino agudo, apuesto, ágil aerobista
acicalado. Atento. Amable. Amigo asiduo, afectuoso, acechante. Ambicioso.
Amante ardiente, arrecho. Autoritario. Abrazos asfixiantes, ansiosos,
asustados. Aluvión apagado, artefacto ablandado, apocado. Agravado. Altamente
agresivo, al acecho. Abelardo Arsaín. Arma al alcance, arremete artero, ataca
arrabiado, asesina. Atrapado. Absuelto: autodefensa. ¡Ay!
Luisa
Valenzuela
EL
ESPEJO CHINO
Un
campesino chino se fue a la ciudad para vender la cosecha de arroz y su mujer
le pidió que no se olvidase de traerle un peine.
Después
de vender su arroz en la ciudad, el campesino se reunió con unos compañeros, y
bebieron y lo celebraron largamente. Después, un poco confuso, en el momento de
regresar, se acordó de que su mujer le había pedido algo, pero ¿qué era? No lo
podía recordar. Entonces compró en una tienda para mujeres lo primero que le
llamó la atención: un espejo. Y regresó al pueblo.
Entregó
el regalo a su mujer y se marchó a trabajar sus campos. La mujer se miró en el
espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. La madre le preguntó la razón de
aquellas lágrimas.
La
mujer le dio el espejo y le dijo:
-Mi
marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.
La
madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:
-No
tienes de qué preocuparte, es una vieja.
Anónimo
EL
SUEÑO DEL REY
-Ahora
está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?
-Nadie
lo sabe. -Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?
-No lo
sé.
-Desaparecerías.
Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una
vela.
Lewis
Carroll
LA
GORRA
Nadie
logró dar con una explicación lógica para el sorprendente hecho, pero el día
que Nando, el cartero del barrio, fue atropellado por un tranvía, iba vestido
únicamente con su gorra.
Kaveri
UNA
PEQUEÑA FÁBULA
¡Ay!
-dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan
grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver
esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se
estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón
está la trampa sobre la cual debo pasar.
-Todo
lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió.
Franz
Kafka
EL
POZO
Mi
hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue
una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia
de la familia numerosa.
Veinte
años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie
jamás había vuelto a asomarse.
En el
caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.
"Este
es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.
Luis
Mateo Díez
EL
LOCO
Dejó
atrás todo, y ahora hace esculturas extrañas que vende a turistas despistados,
y aprende trucos de magia que jamás muestra a nadie. Cree tener cosas que
contar, reflexiones nunca dichas, nunca escritas, pero nadie quiere oírlo, ni a
él le gusta hablar con gente. Antes, cuando era contable, cada día se parecía a
otro día, y soñaba con vivir así, pero sin latas de comida y sin frío. Ahora es
libre, o algo parecido, y no tiene que explicarse ante nadie, y come cuando
quiere y hace lo que quiere. Pero, incluso ahora, cada día es igual al
anterior.
Jordi
Cebrián
LA
EXTRANJERA
Se han
apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo.
Atraídos
por el amor al vértigo. Guiados por una flecha insolente de la noche. Ella mira
hacia abajo. El mar la deslumbra. Olas hinchadas como venas patean su rabia
contra la muralla de rocas. Él le pide: Ámame.
Ella
no responde. Es joven y cierra los ojos como si estuviera viviendo muchas
muertes. Ella teme saltar. Él le reclama: Bésame. La luz del faro indaga por
las cosas perdidas y los encuentra a ellos. Amantes de las sombras son el
blanco del silencio. Ella quiere saltar porque en su garganta tiene un nudo de
reproches. Como él no pregunta, tampoco ella le responde. Su pasado es un mapa
deshecho. Viene de un país hundido. No resulta fácil decir lo que se piensa. Y
ella piensa demasiado. Ahora abre los ojos para ver el naufragio de su alma. Él
la abraza como si quisiera desnudar su rabia. Ella le pide: Mátame.
Nuria
Amat
EL
DRAMA DEL DESENCANTADO
...el
drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a
medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus
vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves
instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la
escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de
la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a
la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta
falsa valía la pena de ser vivida.
Gabriel
García Márquez
PAN
BAJO LOS PÁRPADOS
Si
quisiera podría ir recorriendo todas las habitaciones e ir contando todos los
azulejos y todas las fracciones de azulejo que van cubriendo el suelo. Podría
abrir el gas de la cocina y al cabo de unas horas encender un cigarrillo.
Podría cortarme los cabellos y echarlos a la tortilla. Degollar al periquito.
Oler la pared, golpear la pared, pintar la pared. Mirar el mar, hervir las
tortugas, comerme las uñas, fundir seis o siete velas, romperme la cara a
macetazos, arrojarme por las escaleras... Pero como siempre, al final cojo la
ventana y me la guardo en el bolsillo.
Anónimo
HOSTAL
EN LA CIUDAD VIEJA
Sobre
la mesilla, junto al despertador, reposa un libro de título curioso: Guía de
edificios apuntalados de interés. En la página 37 tiene disimulada una errata:
donde dice “Caso antiguo”, debería decir “Casco antiguo”.
El
turista sueña toda la noche con paredes que encima se le caen, sin poderlo
remediar. Se trata de una pesadilla con errata o clave camuflada: además del
sueño de un turista, es un sueño futurista.
Hipólito
G. Navarro
UN
TIPO
Era
bastante imbécil. Trabajaba en uno de esos parques temáticos. En invierno se
vestía de Silvestre y en verano de Piolín. Los psiquiatras le diagnosticaron
síndrome de doble personalidad. Era bastante imbécil. Sonreía dentro de la
careta cuando le hacían una foto. Murió el año pasado. Un chaval precoz de once
años con pelo largo y ojos guionados le prendió fuego a la poliamida con la
punta de un cigarro.
El
pobre imbécil se pasaba la mitad de un año persiguiendo y la otra mitad
perseguido, la mitad de un año de blanco y negro y la otra mitad amarillo y
naranja. Cada uno de esos trajes representaba una personalidad y una temporada,
igual que el olor a pipas impregnaba sus tardes de domingo. Su pobre mujer
guarda el único traje de trabajo dentro del ropero, en un sepulcro hecho con
miles de bolitas de alcanfor, como si fuera un monumento marca ACME. Murió en
verano, así que es Silvestre el que yace en el armario.
Fabio
Rodríguez de la Flor
MÚSICA
Las
dos hijas del Gran Compositor -seis y siete años- estaban acostumbradas al
silencio. En la casa no debía oírse ni un ruido, porque papá trabajaba. Andaban
de puntillas, en zapatillas, y sólo a ráfagas, el silencio se rompía con las
notas del piano de papá.
Y otra
vez silencio.
Un
día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se
acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba
sobre un papel, y anotaba lago.
La
niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó
por primera vez en tanto silencio:
-¡La
música de papá, no te la creas...! ¡Se la inventa!
Ana
María Matute
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