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"Los gases innobles (una crónica odoríferamente graciosa)"

Actualizado el 31/12/2020




El chileno no solo utiliza mal las palabras de uso formal; el desconocimiento incluye hasta las situaciones más triviales, por lo que mis correcciones abordarán dos conceptos domésticos.

Confío en que, más allá de lo vergonzosos que pudieren resultar para el recatado lector – y no se horrorice, por favor -, ponga atención al fondo y no a la forma. Concordarán conmigo en que palabras de este tipo no tienen cabida en mis aulas, por lo que aprovecho este virtual anonimato para develarlas.

Espero, asimismo, que cuando me vean por la calle o me saluden, no digan: ¡Ah, ese es el Profesor del numerito!

Luego de este necesario preámbulo, ante tan delicada situación que me apresto a experimentar, van:

Erupto: las personas de palabra fácil y desinformada recurren a este término para referirse a los gases expulsados luego de una opípara comida o solo por el placer de colaborar con el “aire que respiro” (letra de una canción popular); los cronistas sostienen que hace muchos siglos expeler estos gases era síntoma de satisfacción y se consideraba de personas agradecidas y educadas; inclusive, todavía, algunos pueblos esquimales le atribuyen este significado.  Otros más arriesgados dicen “eruto”. Para qué decir “flato”, término tanto o más vejatorio que el anterior. Sin embargo, el primer gas “innoble” se denomina “eructo”, del verbo eructar. No tiene relación con “hacer erupción”, fenómeno volcánico de triste fama.

Peo: recuerdo la clásica broma de los escolares en atribuir a un inocente compañero la expulsión de este segundo y fétido gas “innoble”, corriéndose de su alrededor y dejándolo, en consecuencia, expuesto al descrédito popular. Después, sin piedad, era bautizado con nombres poco aromáticos, apodos que duraban hasta después de la etapa estudiantil. Otros, más graciosos, se hacían expertos en la simulación de este reconocible sonido no grato. El concepto, para mayor abundamiento, se llama “pedo”, proveniente del verbo “peer”, cuya conjugación es idéntica a “leer”. Por ello, evitando la primera persona, diré, “tú pees, él pee (paso con nosotros), vosotros peéis, ellos peen”. 

Reitero mis disculpas a los ojos castos de mis lectores, pero no pude evitar esta crónica.



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