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“Un viaje cualquiera en el metro”




Puede pasar en un día, en varios días o todos los días. Providencialmente, no podía escuchar Radio ADN Chile por el paso subterráneo del metro por el centro de Viña del Mar, por lo que me arrellané, “arrané”, diría un chileno común, en el asiento y permanecí con la vista fija en el listado de estaciones sobre las puertas (¿se han fijado en las miradas perdidas de los pasajeros del metro, como si temieran encontrarse con los ojos de otros?), leyendo lo ya leído. Cuento diez estaciones hasta la mía, desde Francia, seis en la Ciudad Jardín, Recreo a El Salto, mientras lucho por no cerrar los ojos contagiados por el traqueteo monótono de sus ruedas. Dirijo la vista a dos hombres que dialogaban al frente de sistemas operativos de computadores. Me aburro rápidamente, pues la conversación me parece insulsa, “computines”, pienso, y recuerdo ipso facto a mi querido amigo Marcelo, experto en estas lides, a quien no veo desde hace dos meses, debo llamarlo, me digo, para que nos juntemos los Prudencios, algún día les contaré el origen del apodo, autodenominado, por cierto.


A mi izquierda, tres mujeres jóvenes comentan el próximo matrimonio de una de ellas; eufórica, la novia comparte, interrumpida con exclamaciones de asombro por las restantes, que Fulano le regalará  la torta, que Zutano le regalará los adornos, que Mengano le regalará los recuerdos, que… y así una larga lista de regalos, expresiones todas iniciadas con “me regalará”, como si no conociera el verbo elíptico; puede que alguno de mis lectores no reconozca el concepto, pero sé que no se expresan recargadamente, repitiendo el verbo “regalar” hasta el infinito.


Y así fue hasta la estación donde debía bajarme. 25 minutos, más o menos, con la misma temática. Solo como dato, los hombres, y nadie puede desmentirme, pues tuve oídos para esas y otras conversaciones, se pasearon por varios tópicos, entre los cuales estaban, adivinen, obviamente, las cualidades corpóreas de algunas de sus amigas. Era que no, si somos recurrentes en los asuntos cárneos y bebestibles, cabe reconocerlo. 

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