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La TV chilena
Imperdible y sigue vigente. Extraída de Google: Ecolectura
No
pretendo realizar un análisis sociológico, pues lo dejo para los especialistas,
ya que en esta disciplina sé tanto como cocinar cazuela frente a los platos
exóticos de los maestros de cocina. Por ello, muchas veces me guío solo por mi
intuición y el sentido común (criterio, dicen por allí).
Enciendo
la “caja idiota”, como rezan los estudiosos y me paseo (no el famoso y
vilipendiado de Francisco Prieto frente a la barra azul en el superclásico
donde el Popular venció con un golazo de “Carlitos” Muñoz) por los canales de
TV abierta:
TVN,
en sus “mejores chascarros”, donde desde el intelectual de Jordi Castell hasta
el – dicen – simpático Julián Elfenbein, pasando por la bulliciosa Karen
Doggenweiler y otros irreconocibles y sin figuración, se burlan y ríen
impúdicamente de situaciones como la de un señor que enciende la parrilla y se
inflama, un joven que se resbala del skate (monopatín) y le cae en la
cabeza, dos practicantes de karate y uno golpea al otro en la cara y
situaciones parecidas. Debieran poner
situaciones jocosas de sus familias y nos reímos todos, ¿ya?
Los
gritos y aplausos de los mismos “opinólogos” cuando inician sus programas. Me
recuerdan al vanidoso de “El Principito”, que pedía aplausos y respondía con
reverencias.
Las
interrupciones frecuentes que los mismos hacen durante las exposiciones
–burdas, es cierto – de sus compañeros.
La
trascendencia de quien se lleva las palmas de las opiniones inteligentes, la
famosísima FM, una con cara de haber bebido o levantarse recién, ante la cual
multiplico los ¡Bazinga! de Sheldon Cooper, en “The Big Bang Theory”.
Las
voces chillonas de ciertos periodistas varones. Me confunden. Necesitan clases
urgentes de impostación de la voz.
La
presión de la farándula (¿o de los millones?)
es insostenible: cayó, por ejemplo, la Jueza. Una pena.
Los temas: CHV despliega reportajes a los crímenes más escalofriantes; La Red solo sabe de modas en boca de las mujeres. ¿Es lo único de lo que hablan las mujeres? ¿Cómo no se rebelan ante tal estereotipo?; el 13, de modas; el Mega, con sus mujeres irresistibles, de lengua fácil y descarnada (le llaman “carácter”) que no trepidan a destapar las desventuras ajenas, pero demandan si alguien lo hace con las suyas.
Y
después reclaman por calidad en la educación, como si esta se entregara solo en
los colegios. ¿De quién es la culpa?
De las
600 familias (450 en Santiago y 150 repartidas entre Antofagasta, Valparaíso,
Concepción y Temuco) que tienen instalado el “people meter”
(audímetro o medidor de personas) y conducen las programaciones de los canales.
Es, a no dudarlo, una dictadura cultural. Y nadie se opone ni levanta la voz.
Suerte
que tengo TV por cable, así que luego de insufribles minutos, cambio al WB a
ver “Two and half men”.
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