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Diálogo
en el bus, lleno, poco después de las
18.00 hrs. Los interlocutores: dos jóvenes, uno que se desplazaba hacia el
final, el otro, que estaba en la pisadera trasera; un sonoro chocar de palmas
formalizó el saludo.
-¿Cómo
estai?
-Me
enterré un clavo en el pie – contestó – y me pusieron una inyección contra …
cómo se llama…
- El
tétanos – respondió su amigo.
- Esa
misma.
Al
final, sentados, iban tres jóvenes, dos
chicas y un chico, presuntamente universitarios, a juzgar por sus apariencias,
que dialogaban sobre diversos aspectos irrelevantes. Lo significativo es que
una de las niñas – me llamó la atención – salpicaba todas sus expresiones con
el clásico “wn”. Diría “wn pa’ arriba”, “wn pa’ abajo”. La miré y vi a una
linda jovencita – hasta entonces mis prejuicios hablaban de las coprolalias en
bocas de chicas feas y toscas – dueña de la dulce boca. “Con esa boca come pan”,
pensé y me sumergí en el diálogo de los dos jóvenes de la pisadera, más
interesante.
- Estoy
estudiando, respondió el aludido. Técnico en la José Miguel Carrera, de la
Santa María. ¿Tú?
- Trabajo
en una bodega, hermano. - ¿Qué te pasó en el pie?
- Estábamos
en un carrete en el cerro con unos amigos; teníamos harto copete y eran las dos
de la mañana; caminé hacia un lado y como estaba oscuro pisé unos tablones;
allí estaba el clavo… Lo peor es que me empezó a doler y tuve que irme al
hospital, así que adiós copete. Mis amigos se quedaron tomando. Suerte que al
otro día no tenía que trabajar, pero todavía cojeo.
- Harta
mala suerte.
Mientras
estos hablaban, los jóvenes del final alcanzaron a oír la expresión “hermano”
que formuló el perjudicado por el clavo y no disimularon una mirada de
desprecio hacia su autor.
¡Tate!,
me dije: acá hay una muestra palpable del complejo de superioridad de algún
jovencito universitario frente al trabajador (aunque haya sido, como ellos los
apelan, “flaite”); los primeros, groseros, hacían sonar sus voces estridentes
por todos los rincones del bus, en tanto que los dos más modestos, sin
garabatos ni aspavientos, reducían sus comentarios al espacio que controlaban.
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