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“Cuando lo que digo lo contradigo." Lo verbal, no verbal y paraverbal

Actualizado el 29/12/2020



Los que siguen, como yo, “The Big Bang Theory”, la serie de WB, en la que cuatro “nerds” – Leonard, Sheldon, Raj y Howard - desarrollan sus vidas en torno de la ciencia, los “cómics” y los juegos de video, amén de otras entretenciones propias de muchachos muy tranquilos, rutina alterada por la presencia - ¡cómo no! – de las féminas, Penny,  Amy y Bernardette,  recordarán los esfuerzos sobrehumanos de Sheldon por entender la ironía de sus compañeros. La ciencia fría es incapaz de comprender las tres dimensiones del lenguaje, razón por la que, en un esfuerzo por explicarlas, haré uso de ella para adentrarme en el mundo de lo dicho y lo contradicho.

El lenguaje se divide en tres componentes. A cada uno de ellos le corresponde un tipo de comunicación. Son:

  1. Verbal: apunta al contenido del mensaje, tanto a lo que decimos como a su significado. Puede estructurarse en palabras o sonidos, frases, párrafos y texto. Para dominar su organización, debemos comprender cómo se organizan, unen y relacionan. Acá entran en juego la Morfología (partes de la oración, sustantivo, adjetivo, artículo, verbo, pronombre, adverbio, conjunción, preposición e interjección o exclamación), la Sintaxis (sujeto, predicado y complementos, por ejemplo), la Ortografía (acentual, literal y puntual), la Semántica, relacionada con los significados atribuibles a las palabras, y la Etimología, que alude al origen y evolución de un concepto a través de la historia. Representa el 7% en un acto comunicativo.
  2. No verbal: se refiere a los elementos que rodean al mensaje, constituyéndose en “kinésico” (postura del cuerpo, gestualidad, mirada y ademanes), “proxémico” (cercanía mayor o menor que determina la confianza o situación) y simbólico – icónico (señales, símbolos e íconos que representan elementos verbales, por ejemplo, el disco Pare). Significa el 55% en el mismo acto comunicativo.
  3. Paraverbal: Con el 38% en una comunicación, se estructura en énfasis, volumen, ritmo y tono. Mientras el primero se caracteriza por remarcar algunas frases o palabras de acuerdo a nuestro estado de ánimo o intención comunicativa, el segundo apunta a la intensidad de la voz, el ritmo, a la mezcla entre rapidez y pausas,  y el cuarto a los niveles (graves o agudos) con que nos expresamos, dependiendo del sentido y de la situación.

Ahora bien, las dimensiones anteriores palidecen en una comunicación escrita, pues malamente son reflejadas por los signos ortográficos y de entonación. Por ello, se explican las dificultades, por ejemplo, en el chat de Facebook, para reflejar cuando se quiere significar una broma, sarcasmo u otro rasgo. Los “emoticones” resuelven en dosis mínima esta falencia, con lo que se confirma que el encuentro cara a cara es imprescindible y nada mejor para saber cuán grata o ingrata es una persona. Comprobaré que debo mirar a los ojos, hablar clara y pausadamente, utilizar la gestualidad y ademanes en su justa medida, no gritar ni con voz muy baja y, por último, modular.


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