Vistas de página en total

2,339,329

Tus comentarios

IMPRIMIR

Print Friendly and PDF

Licencia Creative Commons

Este trabajo tiene licencia bajo CC BY-NC-ND 4.0

La última publicada

Discurso del ascensor: La clave para presentar tus ideas con impacto

“Caserita”



Ya en la feria, escucho cómo los vendedores se dirigen cariñosamente a su clientela, cual expertos en relaciones públicas,  sabedores de que el trato influye en el margen diario de ganancias.
 
Años atrás, era frecuente ver solo a mujeres, a veces con sus hijos que ayudaban en el transporte de pesados bolsos, caminando por los angostos pasillos de las ferias libres. Haciendo el quite a restos de zapallos, lechugas, duraznos y cuescos de aceitunas, miraban cómo los vendedores elegían sus productos y pasaban coladas algunas papas con ojos, ciruelas pasadas, paltas pasmadas y tomates machucados. No existía SERNAC y nadie iba a devolver o a pedir cambio. Y que no se te ocurriera reclamar, porque ‘te hacían la cruz’ y eras declarado persona non grata.
Hoy no solo se advierte una mejora en la venta, pues el comprador puede tomar, dejar, mirar y remirar frutas y verduras, escoger esta y desechar la otra, llevándose lo mejor para su mesa, sino el trato es diferente: ya no es solo ‘mi reina’, mi rrreina’ (exageración del anterior),  ‘dama’,  ‘mija’, (apócope de ‘hija mía’) y los consecuentes masculinos, entre los que destacan ‘joven’, como si uno no estuviera consciente de las arrugas que, si bien son escasas, igual están allí, diciéndote ‘tranquilo, el paso de los años deja huellas, pero te alegrarías de ver cómo están otros de tu misma edad ‘.
Recuerdo cierta ocasión en que, siguiendo los consejos de expertos, en orden a cómo saber si un pescado está fresco, cierta persona hizo lo sugerible, pero la mujerona a cargo la recriminó: -¡Mijita! No le meta los dedos, si el pescado está fresco. Ahí mismo terminó la que pudo ser una relación provechosa para ambas.  
En la Feria de El Belloto, por lo menos, en todos se puede escoger, menos en uno. Quise hacerlo una vez y el vendedor me señaló que no se elegían las frutas. Ahora me explico el escasísimo público que lo visita. Un señor de edad, inválido al parecer, vende condimentos, ajos, cebollines y todo tipo de aderezos. Su mal genio es atemorizador, pues ni siquiera esboza una mala sonrisa cuando preguntas por el valor de algún producto. De allí, seguramente, arranca la permanente soledad en que está su local. Una pena por él. 
El ‘casero’ y ‘casera’ se imponen desde el establecido, hasta el que vende cigarrillos a muy bajo precio (alguien muy confiable me aseguró que son dados de baja por la Chilena de Tabacos, así que a no comprar), pasando por el que con una enorme carretilla de construcción se ofrece a llevar tus bolsos por la pura propina (he visto a mujeres mayores, muy mayores, cargando esos descomunales carretones como si nada y me pregunto si habrá adquirido tanta fuerza llevando a su marido a la casa luego de la juerga sabatina). Falta que las gitanas que te tocan sorpresivamente y te piden dinero te digan –Caserito, ¿me da una moneda? y se acabará el mundo. Recuerdo a una zíngara joven, flaca, flaquísima, y muy fea, pobre mujer, que se pone un cartel en el que detalla sus males y solo pide la colaboración pecuniaria, lo que sea, pero no menos de quinientos pesos, por favor. No habla, solo sientes una mano que te toca el brazo, miras, te asustas, ni lees el cartel y solo atinas a mover la cabeza en negación. Después, una vez que se aleja a realizar lo mismo con otros compradores, la observas con detención y te sientes hipnotizado por su apariencia, más propia de la Corte de los Milagros de Víctor Hugo o de Ramón del Valle Inclán y no de un mercado citadino del siglo XXI. 
Un estimado exalumno me pregunta sobre el origen de la difundida ‘casero’, para lo cual busco en el DRAE, que consigna, entre tantos significados, los que nos interesan: 
6. adj. coloq. Dicho de una persona: Que está frecuentemente en su casa, y también que cuida mucho de su gobierno y economía. 13. m. y f. Bol., Chile, Ec. y Perú. parroquiano (‖ persona que acostumbra a ir a una misma tienda). 14. m. y f. Bol., Chile, Ec. y Perú. Vendedor asiduo, respecto de su cliente.
Por su parte, en el Diccionario de Chilenismos aparece ‘Tener de casero’, persona usada como monigote  o esclavo, que es otra variante del término, muy coloquial. Por ejemplo, en el fútbol, Matías Fernández tenía ‘de casero’ a Miguel Pinto, así como Esteban Paredes hace lo propio con Johnny Herrera, ambos porteros de la ‘U’. 
En suma, puedo ser ‘casero’ del vendedor de la feria, del kiosco de la esquina, del panadero o del verdulero del sector. Todos, sin distinción, se caracterizan por el buen trato, lo que se agradece y valora.
Derechos reservados. ©

Comentarios