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Discurso del ascensor: La clave para presentar tus ideas con impacto

“Un viaje en microbús”




El chasquido de la lata de cerveza al ser abierta interrumpió abruptamente el silencio que reinaba en la parte trasera del microbús. Volteé disimuladamente la cabeza y vi al autor del sonido: un señor, ya maduro, arrimado a la ventana del último asiento, ese colectivo, sin separaciones, miraba hacia afuera eludiendo el sol que golpeaba fuerte. Vestía una camisa cuadrillé, algo raída y arrugada, cuyos faldones deshilachados descansaban en sus pantalones a media canilla. Calzaba unas chalas de cuero que dejaban ver sus esmirriados tobillos y unos pies alargados. Se movía inquieto, dejaba sobre su regazo una bolsa que cada tanto bajaba al piso y volvía a subir. Escuchaba música, supongo, pues a su lado tenía un celular con audífonos que reposaba al lado de una gran bolsa con maní. Cada tanto, tomaba el aparato, lo miraba, manipulaba y volvía a dejar. Bebía con sorbos largos, en tanto echaba grandes puñados de maní a su boca. Mascaba ruidosamente, sorbiendo con regularidad alguna caries que se empecinaba en guardar restos del precioso fruto, emitiendo un seseo rítmico y volviendo a masticar el rebelde trozo capturado.

Exhalaba apagados eructos como cuando se bebe de prisa;  arqueaba la espalda y dejaba salir efluvios cargados de alcohol, los que inundaban el sector trasero y sus alrededores. Pese a mi relativa lejanía, sentía el aroma que cargaba el aire de un pesado recuerdo de pub.

Terminó en tres sorbos la lata;  metió la mano a la bolsa y sacó otra cerveza. La Becker de más de un cuarto emergió victoriosa de la oscuridad, pero duró poco su satisfacción porque su dueño en un tris la hizo chasquear y abrió. Bebió otro largo sorbo que hizo sonar su garganta de manera inconfundible cuando un líquido pasa abriéndose paso casi a codazos por tan estrecho conducto. Cerró los ojos tanto por la presión del helado brebaje en su nariz como por la satisfacción que le produjo. Sentí, como si yo fuera el protagonista, la circulación de la amarilla y refrescante bebida por su garganta. Y en ese momento lo envidié, pues el calor arreciaba.

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