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Este trabajo tiene licencia bajo CC BY-NC-ND 4.0
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La conversación fluía en el grupo de mujeres.
En medio de voces fuertes, agudas, y risas, las cuatro féminas disfrutaban de un
café en el centro; arrimadas a una mesa concitaban la atención de los restantes
parroquianos, no por su belleza, es cierto, porque no la poseían, sino por el
bullicio, exabruptos y alusiones sexuales frecuentes de dos de ellas, pese a
los ¡chist! frecuentes de sus amigas.
La conversación transcurría con lentitud y no
presté oído, pues se pegaron en la vestimenta un largo y tedioso rato:
- ¿Dónde
te compraste esa polera?
Mientras la aludida desgranaba la respuesta,
miré por el rabillo del ojo hasta posarme en el cuarteto: mayores de treinta,
una pasada de ese límite, vestían como cualquier oficinista o dependiente de
comercio. Relajadas, se apoyaban en los
respaldos de sus sillas o se acodaban en la mesa, mientras paladeaban jugos y
cafés, de esos coronados con crema blanca, y fumaban sin
pausas, todo en medio de una distendida conversación que giraba en torno de sus
conquistas.
¿Serán solteras?, me dije. Intenté fijarme,
con disimulo, en sus manos, para ver si divisaba alguna argolla. Dos de ellas,
precisamente las mayores, ostentaban anillos dorados en su anular – de allí el
nombre – izquierdo. Las otras, algo más jóvenes, las dueñas de las expresiones
más rústicas, solo cargaban innumerables adornos, tanto en sus manos como en
sus cuellos, pero nada de anillo nupcial.
- Me
estoy comiendo a uno de 46.
- ¡No
huevís! – exclamó una.
- No
te creo – dijo otra.
- ¿Mayor
que tú? – acotó la más joven - por lo
que sé, te gustan más ‘pendejos’.
- ¡Jajajajajajajajaja!
– rieron a coro las tres.
- No,
la verdad es que me estoy comiendo a dos de 23. Ante las miradas interrogadoras
de sus amigas, apuntó – lo que pasa es que dos ‘minos’ me güeveaban hace tiempo
y les di la pasada. Sencillo.
- Estái
difícil – sancionó una.
- ¿Qué
querí que haga? Estoy sola y aprovecho mi juventud – agregó la aludida. Además,
si los hombres quieren algo, que paguen po’. Me invitan a salir y no gasto ‘niuno’
- ¿Y
tus hijos? Algún día se enterarán – acotó una
de las mayores.
- No
‘cachan’, son chicos. Por último, es mi vida y hago lo que quiero. No les
pienso rendir cuentas a ellos.
La
conversación languideció, probablemente porque la ‘difícil’ se sintió criticada
por sus amigas. Coincidían las tres en que así no llegaría a ninguna parte.
Siempre fue así de liviana, se decían. Es ‘re fácil’, ‘es tirar y abrazarse’, ‘le
sirven todas las micros’ y otros calificativos similares se adueñaban de sus
mentes, mientras la conquistadora juraría que la envidiaban.
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