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Este trabajo tiene licencia bajo CC BY-NC-ND 4.0
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Llegó
premunido de fama: Doctor en Física, una experiencia envidiable en cuanto
establecimiento hubiera, según rezaba su currículum vitae que nadie quiso
comprobar, tan estupefactos quedaron con sus antecedentes. El colegio, ‘cuico’
según los malhablados, lo acogió rápidamente dada la escasez de profesores de
su especialidad.
Lo
mandaron ese mismo día al II Medio; entró con su capa blanca y maletín en medio
de la expectación general, pues a los chicos les habían advertido que les haría
clase un tipo excepcional. El colegio, decían, se honraba de tener en sus filas
a un científico de nivel.
Comenzó
bien su exposición: se paseó sin problemas entre los conceptos básicos de su
materia, que la energía, la masa, la aceleración, que la velocidad de la luz,
la relatividad, que Einstein, que Hawking. De verdad, era una enciclopedia, un
Sheldon Cooper contemporáneo (de ‘The Big Bang Theory’): serio, reposado, se
paseaba por la sala, no miraba a nadie, confiado en su superioridad
intelectual.
Llegó
el momento de los vectores; hizo un rápido dibujo en la pizarra y comenzó:
- Acá
ven la ‘flesha’ que se dirige hacia allá.
- Sus
alumnos se miraron desconcertados; ¿escucharon bien? El más osado le preguntó:
- Profesor,
¿puede repetirme la explicación?
- Por
supuesto – respondió. Tomó aire y reinició:
- Acá
ven la ‘flesha’ que se dirige…
Todos
se miraron, mientras asentían con miradas maliciosas. Sí, había dicho ‘flesha’.
Y lo repitió innumerables veces, no solo la famosa flecha sino todas las
palabras que tenían el sonido ch, invariablemente lo pronunciaba ‘sh’.
A
los dos días, me encontré con un grupo de sus alumnos y le pregunté qué tal el
nuevo Profesor.
- ¿El
‘Flesha?
- ¿Cuál
flecha? – pregunté, pensando en que no habían entendido la pregunta.
- El
‘profe’ de Física, po’. El nuevo.
Les
pedí detalles y me describieron su problema. Que lo hacían caer en la
pronunciación y se reían a sus espaldas. Que era el ‘Flesha’, que buscaban
palabras con ch para que las dijese, que nadie lo respetaba, que era Doctor en
Física, pero no servía, al menos para ese colegio.
No
diré inexplicablemente, pues tenía explicación, pero al día siguiente el
mentado Doctor en Ciencias Exactas no apareció. Dicen las malas lenguas que el
Director se enteró de su apodo y lo despidió. Se fue como flecha, ahora con ch.
Derechos reservados. ©
Comentarios
Refrescante historia.
Me ha gustado.
Saludos cordiales
Marcos
Un abrazo.
Un fuerte abrazo :-)