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Actualizado el 3/1/2021
En ADN Radio Chile,
escuchaba la entrevista a Constanza Godoy, una mujer de algo más de 40
años, autora del libro “Mujer busca a
mujer”, novela testimonial que no he leído y que no es el propósito de este
comentario, a decir verdad.
Recuerdo parte de su
historia; recuerdo cuando narraba que con hijas mayores, luego de haber tenido
una juventud normal, de matrimonio normal, descubrió que algo andaba mal. Que
se juntó con su marido luego de una crisis y este le preguntó: “- ¿Quién es él?,
a lo que ella respondió: - No me preguntes quién es él, sino quién soy yo. Y no
es él. Es ella.” Luego junta a sus dos hijas mayores (quinceañeras) y les
cuenta. La mayor algo sabía, pues había leído algunos de sus correos. Se
abrazaron llorando y ambas le dijeron que la entendían y amaban.
Ahora, años después, sí
extraña algo: todos en la cama matrimonial, viendo TV, partidos de fútbol,
tomando once, saliendo de paseo. Era otra vida. Pero no se arrepiente.
Cito la reseña en Feria
Chilena del Libro, a fin de que el lector se forme una imagen más fiel de la
creación:
“En
esta historia real, la protagonista —chilena, casada, profesional y con cuatro
hijos —nos relata cómo descubrió quién era realmente: una mujer que busca,
encuentra y ama a otra mujer. El impacto en su vida es inmediato: se desata una
tormenta sobre ella, su familia y todo lo que la rodea. Pero no vuelve atrás:
se trata de seguir viviendo en una mentira o salir a la luz que la libera. La
autora nos presenta un relato íntimo, de una honestidad sin límites, en el que
el sexo, el humor, el amor y la familia sobrecogen. Es verdad en estado puro,
para todos nosotros.”
Más allá de que siempre he
recomendado que lean, en un comienzo lo
que llegue a sus manos, y después lean solo aquello que les guste, ya que la
selección aparece cuando se es lector consumado o, por lo menos, frecuente,
intentaré leer esta novela, pues me liberará de algunos prejuicios que,
seguramente, quedan, producto de mi formación familiar y cultural.
Mirna Schindler, lectora de
noticias de la referida radioemisora, al introducir el tema, se despachó esta
frase: “…salir del clóset…”
Ignoro si esta expresión es
autoría de los periodistas o surgió de otro ‘mundillo’, sin embargo, lo
peyorativo asoma por sí solo y contribuye a desvirtuar el sufrimiento de
mujeres como la narradora y de tantos miles de chilenos (no caeré en la
distinción burda de ‘chilenas y chilenos’, tan común e incorrecta de los MMC y de autoridades políticas).
Solo como dato, y ciñéndome
a las cifras del MOVILH (Movimiento de Liberación Homosexual), “Siguiendo
las fórmulas del Informe Kinsey y considerando los resultados del Censo 2012,
en Chile habría 810.189 hombres bisexuales o gays y 853.271 mujeres lesbianas o
bisexuales. En Censo 2012 arrojó además 20.747
mujeres y 14.229 hombres reconocen convivir con una pareja del mismo
sexo en Chile.” (sic)
Por ellos, porque se merecen
el respeto de la sociedad, como todos, porque es una de las minorías más
postergadas, arrinconadas y discriminadas, nuestro lenguaje debe cambiar.
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