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De los términos ofensivos al habla respetuosa
La diversidad en el aula
Extraída de Google: Formainfancia European School
Cuando lo recuerdo, me complace haberle puesto ‘tanto color’. Quizá en esa época pensaba que ‘le ponía mucho’, pero ahora entiendo que no era así, que hice bien.Era
común, hasta hace diez años, tildar de ‘mongólico’ al que no entendía algo, al
que se equivocaba, incluso al que tropezaba, y el término volaba de acá para
allá, en todos los rincones de la sala, en reuniones de amigos, en el bus, en
el baño. Donde fuera, el latigazo conceptual nos azotaba con una crueldad que
pocos veían.
¿Y si
alguno de los presentes tenía un hermano, un primo, un hijo que padeciese del
Síndrome de Down? ¿Y si yo --les decía--, tuviese un hijo con esa condición?
El
aludido agachaba la cabeza, avergonzado, sin saber qué decir, recordando a esa
persona que cuando llegaba a casa lo abrazaba desesperada y efusivamente, como
si fuese la extremidad perdida que había vuelto. Que hablaba en su media
lengua, pero se hacía entender mejor que cualquiera.
Él
intentaba reaccionar, musitar una protesta, pero la masa arrastra, golpea,
humilla, agrede, hunde. Y callaba, llorando con lágrimas invisibles.
Hoy,
la sensibilidad, el respeto y la tolerancia – en estos casos, al menos – se
hacen evidentes. Ya es infrecuente escuchar a algún desatinado proferirlo. Y la reprobación se hace más dura, callando
al ofensor.
Cambia
el lenguaje. Gracias a Dios.
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