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El equipo más grande de Chile, el capitán más recordado y yo
No me
lo podía perder. Y el temor a molestarlo – siempre me ha cargado incomodar a la
gente, por eso muchas veces prefiero rehuir el contacto con alguien que no me
gusta a enfrentarlo - fue ínfimo al lado de la emoción de estrechar su mano,
así que me tragué la vergüenza, me armé de valor y lo llamé, aunque reconozco
que me quedó la sensación de que mi voz fue en extremo suave, casi como
pidiendo perdón:
- No es para una foto, Don Jaime. Solo
quiero saludarlo.
Su
acogedora sonrisa, unas palabras, el agradecimiento por haber brindado al
fútbol nacional, al Eterno Campeón, tres copas maravillosas - la Libertadores
(se acabó con el cántico ‘¡La Copa, la Copa, ¡se mira y no se toca!’ con que
los del Atlántico se burlaban porque nunca habíamos ganado algo), la
Interamericana y la Recopa Sudamericana -
ocurrió en segundos.
Olimpia
de Paraguay, el ‘Rey de Copas’ se puso de rodillas acá en el Campeonódromo, en
la final soñada. Dos goles del ‘Chico’ Pérez y uno de Leonel Herrera junior nos
hicieron alcanzar la gloria. Fue en 1991.
Más
tarde, la Interamericana llegó a nuestras vitrinas gracias al triunfo sobre el
Puebla, campeón de la CONCACAF.
Por
último, ante Cruzeiro, en Japón, Jaime Pizarro, en una madrugada que todo Chile
vivió al frente del televisor, el ‘Káiser’, con un penal que se fue suavemente,
chocó con el vertical izquierdo y entró como pidiendo permiso, nos dio la
alegría de la Recopa Sudamericana.
Es
cierto que alguna vez me saqué una foto con Héctor ‘Tito’ Tapia, cuando
coincidimos en el Aeropuerto, pues él viajaba a enrolarse al extranjero
mientras yo iba en Viaje de Estudios a Brasil. Pero esta no tiene parangón,
salvo que me encuentre con Carlos Caszely o el ‘Rambo’ Ramírez.
Era
solo hablar con Jaime Pizarro. La presteza de mi hijo amado, sin embargo, pudo
más, pues estaba casi despidiéndome del astro cuando veo que ya tiene lista la
cámara que diligentemente siempre lleva.
Fue
una de las vivencias más hermosas. No diré que ahora puedo morir tranquilo,
pues será una exageración y un lugar común. Pero quedará el testimonio de un
encuentro maravilloso, de otro mundo.
Y los
albos, aquellos que llevamos la insignia del Popular tejida en el corazón,
sabemos de lo que hablamos.
Nota
del redactor: Hoy, Jaime Pizarro --o don Jaime-- es ministro del Deporte
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