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Este trabajo tiene licencia bajo CC BY-NC-ND 4.0
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Actualizado el 16/4/2021
(Fernández, 2015)
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Extraído de Google: Wikipedia |
Sociedad
No lea
buenísimo, por si acaso, sino ‘buenismo’, un atributo bastante distinto de lo
que Ud. cree.
El DRAE lo define así:
Buenismo: De bueno e -ismo. 1. m. Actitud de quien
ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con
excesiva tolerancia. U. m. en sent. despect.
Al
final del párrafo anterior explicita: úsase
más en sentido despectivo.
Por su
parte, Fundéu BBVA sostiene:
Aunque el Diccionario académico no la
recoja, se trata de una palabra bien formada a partir de bueno, tal como indica la Nueva gramática de la lengua española.
Esta misma obra señala que buenismo
es un uso propio de España; asimismo, diccionarios de uso como el Clave señalan
que suele emplearse con intención despectiva, por ejemplo, para tachar de
ingenua o candorosa esa actitud.
Con el mismo matiz peyorativo se recurre
en ocasiones a la voz angelismo: «Con angelismo, muchos creyeron que el
islamismo era soluble en la democracia», y de forma meramente objetiva, el
Diccionario de la lengua española define irenismo como ‘actitud pacífica y
conciliadora’ y ‘doctrina que preconiza la paz a ultranza’.
Para referirse a la ‘tendencia a creer en
la maldad inherente del hombre y en la fuerza y la violencia como vía más
eficaz para resolver determinados conflictos’, se testimonia el uso —y puede
considerarse válido— del sustantivo malismo:
«Lo malo y lo bueno existen, fuera de buenismos y malismos, y estructuran el
mundo», ejemplo adecuado sin comillas.
Como
aporte a la precisión de esta conducta, lea:
del
cual cito un extracto:
Aunque no reconocida todavía por la RAE,
la palabra ‘buenismo’ se ha acuñado popularmente para definir aquellas
políticas o acciones basadas en un mero sentimentalismo o visión romántica de
las relaciones humanas, partiendo de la asunción de que toda persona tiene
buenas intenciones por definición. Los partidarios de esta tendencia piensan
que, cuando alguien no muestra tal bondad, es debido a una mala etapa por la
que la persona está pasando, siendo obligación del observador externo
reconducirla. Los buenistas sitúan la responsabilidad de la reconducción en las
personas que rodean al afectado (empresa, jefe, pareja, amigos…), liberando a
éste de su carga de responsabilidad. Ni que decir tiene que el desenlace
acostumbra a ser de frustración por parte del entorno del afectado, por la gran
impotencia que sienten al observar los nimios resultados que consiguen.
Por
otro lado, Tino Fernández (2015) sostiene:
Si crees que tu empresa es un paraíso
laboral porque allí nadie discute y todo es camaradería y buenas palabras, ten
cuidado... Podrías estar en el epicentro de un entorno laboral buenista que
rechaza la gestión del conflicto pero que resulta superficial, hipócrita e
ineficaz.
Prosigue
más adelante:
Pilar Jericó, socia directora de Be-Up, se
refiere al «exceso afiliativo» como un factor que hace disminuir los retos y la
productividad: «El exceso de buen rollo en el trabajo lleva a que baje el nivel
de exigencia, y esto perjudica a aquellos profesionales de alto rendimiento, a
los mejores, ya que un entorno buenista de café para todos genera siempre
comparaciones negativas y agravios significativos. En los grupos donde hay un
exceso de afiliación se evita el conflicto (no significa que no exista, sino que
se tapa por miedo al rechazo), se evitan las decisiones divergentes y se premia
a todo el mundo por igual. Conseguir excelencia significa generar un poco de
tensión positiva y diferenciar a las personas que hacen bien su trabajo del
resto».
Si
prefiere profundizar en los tipos de buenistas (ayudador, mártir y huérfano),
propios de una organización, lea:
No lo
olvide, entonces: si es jefe, no sea buenista; si es subordinado, no se
aproveche de su jefe buenista.
Fernández, T. (20 de Febrero de 2015). Expansión.com.
Obtenido de Demasiado 'buen rollo' es un infierno laboral:
https://www.expansion.com/2015/02/20/emprendedores-empleo/desarrollo-de-carrera/1424449296.html
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