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Tomar once

 Expresiones

Extraída de Google: Radio Concierto

Si Ud. es chileno, algo debe haber oído.

Si no, la historia le resultará interesante y novedosa.

Es famoso el five o'clock tea inglés o ‘té de las cinco de la tarde’, costumbre que adoptamos pues siempre nos hemos autodenominado los ingleses de América del Sur, aunque no sé bien por qué, ya que puntuales no somos (si no, recuerde a qué hora comienzan las reuniones de Padres y Apoderados-- PP. y AA.-- en los colegios, nuestra hora de llegada a los trabajos y un sinnúmero de actividades sociales), tampoco flemáticos, ceremoniosos ni hablamos poco. Es decir, somos todo lo contrario. Pero como en la época del salitre hubo mucho inglés en estos lares, probablemente se nos ‘pegó’ la costumbre.

La rutina anglosajona tiene por finalidad no únicamente disfrutar de una bebida de calidad – dicen que el té inglés es el verdadero --, sino para compartir conversaciones, tanto de las superfluas como de las profundas.

Si bien no tengo evidencia de que tomar once surgió por pura copia, sí recuerdo que era una forma de separar el almuerzo de la comida – cuando en Chile se cenaba, alcanzando, entonces, a cuatro comidas diarias: desayuno, almuerzo, once y comida --, lo que se redujo después a ‘once - comida’. Lo común era que el menú del almuerzo era distinto del de la cena, lo que implicaba gran imaginación y un repertorio infinito de opciones. Lo innegable es que en aquellos años se comía más y mejor.

Una de las explicaciones más populares, pero no necesariamente la más fidedigna, a pesar de que la coincidencia es llamativa, refiere a que a esa hora – entre almuerzo y cena – se tomaba aguardiente, bebida propia de los campos chilenos y con alto grado alcohólico, cuyo nombre posee, justamente, once letras, apelativo disimulado a fin de no quedar en evidencia, dicen, en esos años de restricción.

De allí, - Vamos a tomar ‘once’ implicaba tomar una copita de aguardiente.

Mi consejo: si tiene buen estómago, puede probarla. Mejor, en todo caso, es enguindado, es decir, guindas maceradas en aguardiente.

Si lo invitan, finalmente, a tomar once, prepárese: probará un delicioso té chileno, acompañado de pan batido – marraqueta dirá el santiaguino – con margarina o mantequilla, palta, fiambre (así le llamamos al jamón y sus variedades), mermelada, manjar o el aditamento que guste. Hoy están de moda los tazones, por si acaso, así que no será necesario esperar otra tacita de té.

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