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Discurso del ascensor: La clave para presentar tus ideas con impacto

Analogías

Definición y usos

Fue Aureliano quien concibió la fórmula que había de defenderlos durante varios meses de las evasiones de la memoria. La descubrió por casualidad. Insomne experto, por haber sido uno de las primeros, había aprendido a la perfección el arte de la platería. Un día estaba buscando el pequeño yunque que utilizaba para laminar los metales, y no recordó su nombre. Su padre se lo dijo: "tas". Aureliano escribió el nombre en un papel que pegó con goma en la base del yunquecito: tas. Así estuvo seguro de no olvidarlo en el futuro. No se le ocurrió que fuera aquella la primera manifestación del olvido, porque el objeto tenía un nombre difícil de recordar. Pero pocos días después descubrió que tenía dificultades para recordar casi todas las cosas del laboratorio. Entonces las marcó con el nombre respectivo, de modo que le bastaba con leer la inscripción para identificarlas. Cuando su padre le comunicó su alarma por haber olvidado hasta los hechos más impresionantes de su niñez, Aureliano le explicó su método, y José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde la impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola. Fue al corral y marcó los animales y las plantas: vaca, chivo, puerca, gallina, yuca, malanga, guineo. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad. Entonces fue más explícito. El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: Ésta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que herviría para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita.

(Márquez, 2015)

Qué mejor manera de comenzar este artículo – confío en que será una guía imperdible para aumentar su léxico – que citar unas cuantas líneas de una de las mejores novelas de todos los tiempos: ‘Cien años de soledad’.

Mientras Ud. se compromete íntimamente a leerla – no una, sino muchas veces, para lo cual le incluyo el árbol genealógico, pues se perderá si no lo tiene a mano --, le comparto el modo cómo recuerdo palabras que se me olvidan, lo que es muy natural que pase.

Se llama analogía.

¿Qué se entiende por analogía?

Veamos casos:

Recuerdo que se me hacía difícil precisar cuál era el camello y cuál el dromedario, hasta que me fijé en que ambos se diferencian por el número de jorobas.

Camello, lla

Del lat. camēllus, var. de camēlus, este del gr. κάμηλος kámēlos, y este del arameo gamlā. 1. m. y f. Mamífero artiodáctilo rumiante, oriundo del Asia central, corpulento y más alto que el caballo, con el cuello largo, la cabeza proporcionalmente pequeña y dos gibas en el dorso, formadas por acumulación de tejido adiposo. U. en m. ref. a la especie.

Dromedario

 

Del lat. tardío dromedarĭus, y este del gr. [κάμηλος] δρομάς [kámēlos] dromás 'dromedario'; literalmente '[camello] corredor'.

 

1. m. Artiodáctilo rumiante, propio de Arabia y del norte de África, muy semejante al camello, del cual se distingue principalmente por no tener más que una giba adiposa en el dorso.

 

Los dispuse mentalmente en orden de prelación, es decir, desde el primero, en este caso, en el alfabeto: C (camello) – D (dromedario).

Puse al frente los números 1 – 2, considerando el mismo orden.

Posteriormente, uní los opuestos, es decir, la C (camello) con el 2 y la D (dromedario) con el 1.

 


Por lo cual extraje que el camello tiene dos jorobas, en tanto que el dromedario, una.

Veamos otro:

Cierta vez olvidé el nombre de una enfermedad llamada Parkinson; recordaba el Alzheimer, pero la primera no, por lo que ideé una analogía. La relacioné con las famosas lapiceras Parker (¿las recuerda?), hice la asociación y cada vez que no recuerdo el nombre de la dolencia, hago memoria, voy a la lapicera (que es más recordable, por cierto) y llego a la palabra.

Un querido exalumno, hoy Profesor de Lenguaje como yo, me aportó:

Me pasaba con la típica confusión entre Louis y Neil Armstrong, hasta que me di cuenta de que Neil tiene las mismas consonantes que Luna.

¿Quién es Montesco y quién Capuleto?

Romeo tiene las mismas vocales de su apellido.

Lo de camello también lo había solucionado con la doble consonante de camello: doble consonante, doble joroba.

EPS

Lo dejo a Ud., estimado lector, para que practique.

Va el árbol genealógico:

Extraída de Google: Infobae

Márquez, G. G. (2015). Cien años de soledad. Ciudad de México: Planeta.

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