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Discurso del ascensor: La clave para presentar tus ideas con impacto

Pisco sour goteado

 

Salí del Banco con mis amigos, pues me convencieron – lo que no era difícil, debo reconocerlo – para ir a tomar unos tragos (y cuando digo ‘unos’, en realidad, debí decir ‘uno’ si hubiese conocido las intenciones de mis ‘panas’, como diría un reggaetonero, si hubiera ocurrido en la actualidad).

Llegamos al lugar concertado y nos sentamos a una mesa. El garzón se acerca prestamente y nos agolpamos a pedir cual guerreros medievales sedientos luego de una larga campaña.

Mis amigos – concertados, de lo que me daría cuenta luego – me insistieron para que pidiera ‘pisco sour goteado’, que era para hombres, que era una suerte de ‘pagada de piso’ y un sinfín de razones innecesarias, ya que estaba tan envalentonado que me había convencido solo.

Con la agilidad de un guepardo, el garzón vertió sobre un vaso la mezcla amarillo - verdosa del pisco sour; pensando que ya estaba lista, me abalancé sobre la bebida, pero mis amigos me detuvieron, argumentando que faltaba el ingrediente que lo hacía incomparable.

El mesero tomó una botella de Ballantine’s y derramó generosamente el líquido dorado sobre el pisco sour, pasándomelo ante la mirada expectante de la concurrencia.

Hicimos una sucesión de brindis, cuatro, si no me equivoco, y con suerte puedo recordar que fueron cuatro, creo.

Desperté al otro día, semidesnudo, en mi cama, abrazado a la almohada y con la sensación de que me hubieran pegado un fierrazo en la cabeza.

Nunca más he podido mirar al whisky a los ojos.

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