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Onomatopeya: definición, ejemplos y valor expresivo

 

Puerto Natales. Créditos: Gabriel Miranda Torres

La onomatopeya es una de las figuras de dicción más conocidas y versátiles. Consiste en imitar sonidos reales mediante palabras que reproducen o sugieren acústicamente aquello que representan. Su uso abarca la poesía, la narrativa, la literatura infantil, el cómic y hasta la publicidad.

Aunque suele asociarse solo a la reproducción del sonido de animales (miau, kikirikí) o de objetos (tic-tac, crash), su alcance es más amplio: incluye también palabras cuya construcción fónica evoca de manera natural el sonido que nombran, como tintinear, crujir, susurrar o chisporrotear. En estos casos, la lengua mantiene una relación directa entre sonido y significado, lo que refuerza la expresividad del texto.

A diferencia de la aliteración —que se basa en repetir sonidos—, la onomatopeya reproduce un sonido concreto, acercando la experiencia auditiva al lector.

Revisaremos ejemplos clásicos y universales:


Ejemplos literarios y análisis expresivo

1. “Kikirikí”

Gloria Fuertes, La selva en verso

Kikirikí

Niños del pueblo

despertad con el ole,

que os esperan en el «cole».

El pueblo no necesita reloj,

le vale el gallo despertador.

 

Kikirikí funciona como onomatopeya porque imita directamente el canto del gallo, utilizando una secuencia fónica convencional y reconocible. Reproduce el sonido real y lo integra en la escena poética para reforzar la idea del gallo como despertador cotidiano.

Ole, por su parte, también puede considerarse onomatopeya: reproduce fielmente la exclamación usada para animar o celebrar. Su sonoridad aporta energía y ritmo, evocando un ambiente festivo que intensifica la dinámica del despertar colectivo.


2. “Tintinean… tintineo”

Edgar Allan Poe, “Las campanas”

¡Cómo tintinean, tintinean, tintinean

en el gélido aire de la noche!

[...]

del tintineo y el tintineo de las campanas.

 

El verbo tintinear es onomatopéyico porque imita el sonido agudo, vibrante y repetido de campanillas u objetos metálicos. La repetición insistente en el poema no solo nombra, sino que recrea auditivamente el movimiento oscilante de las campanas, convirtiéndose en un recurso expresivo de altísima musicalidad.

Estos ejemplos muestran que la onomatopeya no se limita a palabras autónomas de imitación (tic-tac, bang, plop), sino también a términos lexicalizados cuyo sonido sigue evocando el fenómeno real.

 

Palabras que pueden funcionar como onomatopeyas

A continuación, una muestra organizada que puede servir para análisis y ejercicios en clase:

Acciones y objetos

  • Tintinear, crujir, chisporrotear, zumbear, claquear, chirríar, traquetear, chapotear.

Animales

  • Maullar, ladrar, gruñir, cacarear, balido, relinchar, ulular.

Voces humanas o acciones sonoras

  • Susurrar, tartamudear, carraspear, gritar, bostezar.

Sonidos breves o contundentes

  • Tac, bang, pum, tic-tac, zas, plop, clang, tilín.

 

En síntesis, la onomatopeya cumple un rol decisivo en la construcción de atmósferas y en la intensificación sonora del discurso poético. Tras explorar cómo las palabras pueden reproducir sonidos, avanzaremos hacia una figura que juega con la semejanza fonética entre términos: la paronomasia, donde el sentido nace del contraste entre voces casi gemelas.

Minitest: Onomatopeya

1. ¿Cuál de las siguientes opciones corresponde a una onomatopeya?




2. ¿Qué característica distingue a la onomatopeya de la aliteración?




3. ¿Qué palabra no se considera onomatopéyica?




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