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Puerto Natales. Créditos: Gabriel Miranda Torres
¿Qué es la prosopopeya o
personificación? Descubre esta figura de pensamiento con definición clara,
análisis literario y un ejemplo poético de Federico García Lorca.
La prosopopeya, también llamada
personificación, es una figura de pensamiento que consiste en atribuir
acciones, cualidades, sentimientos o rasgos propios de los seres humanos a
entidades inanimadas, animales o conceptos abstractos.
A diferencia de las figuras de
construcción, la prosopopeya no altera la sintaxis de la oración, sino que
transforma el modo en que el hablante percibe y presenta la realidad,
cargándola de subjetividad, emoción y vida interior.
Dentro de esta serie, corresponde a la
segunda figura de pensamiento, luego de la Hipérbole.
Ejemplo:
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
Federico García Lorca, Romance de la
luna, luna
Análisis del ejemplo
En este fragmento, la luna —un astro, un
elemento natural inanimado— es presentada como si fuera una figura humana capaz
de desplazarse (“vino”) y de vestir prendas (“polisón”).
El hablante lírico convierte así un
elemento no humano en un personaje sensible y activo, lo que contribuye a crear
una atmósfera onírica y simbólica. La personificación no solo embellece el
lenguaje, sino que refleja la percepción subjetiva del mundo, típica de la
poesía de Lorca, donde la naturaleza participa emocionalmente del acontecer
humano.
Ejemplo de Versos al borde del alma, del
poeta natalino Gabriel Miranda Torres:
Te huelo mientras tu alma
vaga sin consuelo
en este cuarto que se
volvió tu condena
cadena perpetua solo será
la libertad que tu alma espera.
Esta distancia, Versos al borde del alma
La personificación se manifiesta
principalmente en la atribución de acciones humanas al alma, una entidad
abstracta e inmaterial. El alma es presentada como un ser capaz de vagar,
sentir desconsuelo y esperar, conductas propias de un sujeto consciente y sensible.
Este procedimiento permite exteriorizar
un conflicto interior: el encierro físico del “cuarto” contrasta con el
movimiento errante del alma, que recorre simbólicamente un espacio de
sufrimiento y anhelo. Así, lo abstracto adquiere corporalidad emocional y se
transforma en protagonista del poema.
Además, la expresión “el cuarto que se
volvió tu condena” refuerza la personificación del espacio, que deja de ser un
simple lugar para convertirse en un agente opresivo, casi judicial, capaz de
castigar. La metáfora jurídica de la “cadena perpetua” intensifica esta
percepción, dotando al encierro de una dimensión existencial.
En conjunto, la prosopopeya profundiza
la atmósfera de angustia y espera, haciendo visible el mundo interior del
hablante a través de entidades abstractas que sienten, se desplazan y padecen.
El efecto final es una intensificación emotiva que acerca al lector a una
experiencia íntima de pérdida, reclusión y deseo de liberación.
La prosopopeya, en este sentido,
intensifica la carga expresiva y permite que lo abstracto o inanimado se vuelva
cercano, significativo y emocionalmente resonante.
Próxima entrega: La Ironía, otra figura
de pensamiento fundamental, donde el sentido literal del enunciado se distancia
de la intención real del hablante.
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