lunes, 28 de enero de 2013

¿Quién dijo que no hay libertad en Chile?



Si la gente cruza donde quiere, menos en el paso peatonal, pasarelas o cuando el semáforo la autoriza, compra en el mercado ambulante, aunque sepa que los productos evaden IVA – afectan a la industria nacional, es decir, a ella misma -  y son desechables, contribuye con cantantes y pedigüeños por doquier en calles, buses y Metro – renegando de la placidez de una conversación o el solo hecho de ensimismarse, contrariando la normativa que es bien “clarita” y siendo generoso con quienes por menos ganan más que ella misma, se estaciona donde gusta, a despecho de los reservados para discapacitados, cae una y otra vez en el “Pepito paga doble”, no cede el asiento a quien lo requiere, ocupa el asiento más de allá de su espacio, no importando si el vecino quedó apretado o va incómodo, ni siquiera se perfuma – aunque sea agüita de colonia  (la ropa interior se cambia, por lo menos) – escupe donde le place, de 5 palabras 3 son coprolalias (no importaría si no las gritara), roba a destajo, se queda con la moneda para descontar impuestos (léase supermercados), no cuida sus pertenencias alentando a los carteristas (-Señora, no abra la cartera en la calle y sea cuidadosa en los supermercados), protesta a favor y en contra de un “líder” (¿elegido democráticamente?), reprueba la muerte de un mapuche y calla ante la de un senador, ve los programas de farándula y no lee un libro (ni siquiera el diario en papel, menos en línea), sabe la vida de un sinnúmero de “ídolos” del espectáculo y desconoce la historia patria, ve los realitys y teleseries y descuida la formación de sus hijos,  golpea a las mujeres, no paga las pensiones alimenticias, escribe con una ortografía “de miedo”, ante la duda no se abstiene sino que opina (¡qué muestra de ignorancia más cruel!), prejuzga, discrimina a un chico con Síndrome de Down  a quien le da tarjeta de cliente pero le prohíbe comprar, vota por tal o cual dependiendo de si le hizo un favor o le compra el discurso, se queja de la carestía de la vida y vive en conciertos, de viajes y en los “mall”, no cumple con la norma “Tolerancia cero al alcohol mientras conduces” y mata a personas inocentes (la última, una bebé, ¡Dios mío!, ¿hasta cuándo?), trafica influencias, tiene conflictos de interés y se desentiende, esperando que ojalá no lo descubran (y si lo hacen, pone su mejor cara de “yo no lo sabía”, como si uno fuera…, ya lo saben),  se hace el leso ante los delitos que presencia o conoce (lo mejor es no comprometerse),  tanto periodista y conductor de programa detenido por esta y otra falta (¿será que la educación está en crisis? , ¿o la familia?; recuerden que es más fácil culpar al empedrado),  vende droga y embarca a los hijos en el negocio con la confianza de que serán sobreseídos, justifica el robo o la simple ratería (total, todos roban), ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, enseña solo a los que quieren aprender (o sea, a los de la primera fila), habla de justicia social pero no trepida en descalificar al pobre por el solo hecho de serlo (como si sus padres hubiesen sido ricos toda la vida), es resentido contra el que tiene más y lo desprecia (aunque hubiese trabajado arduamente toda la vida para tener algo más), difama a quienes postulan ideas diferentes (quizá ni sabe el significado de la palabra), se hace incondicional de quienes participan de las suyas, olvidando el debate respetuoso y tolerante, no entiende que la educación, y solo la educación, es la herramienta del desarrollo personal, evade el pago del Metro o de cualquier servicio público – total, la vida es de los pillos, pero ¡Ay!,  si los sorprenden, pues se quejan lastimeramente buscando el apoyo del que no falta -, se cuelga de la TV Cable o de Internet, ignorando que se debe vivir con lo que se tiene (y si quiere tener más, estudie y trabaje, ni más ni menos), asume banderas de lucha por los oprimidos, pero a la primera busca su beneficio, total, la vida es una sola y hay que ser idealista pero no tanto (¿tonto?), se escuda en páginas anónimas para denostar a quien no se puede defender,  ve todo lo malo cuando otro lo hace, pero todo lo bueno cuando ella es gestora, no procesa información, sino la reproduce, sin siquiera deglutirla, culpa a la pobreza de la delincuencia, como si todos los pobres fueran ladrones, o solo hubiera ladrones pobres,  maneja mal y se justifica diciendo que las mujeres lo hacen más mal, se compra un auto y todos los fines de mes hace mandas para terminar a “medio morir saltando”, dando muestras de importarle más el estatus que el nivel de vida      y… ya me cansé.
 
¿Qué tal?

martes, 8 de enero de 2013

“Quiero usar más palabras”. Precario


“No soy responsable de la familia ni de la vida que tengo; sí de lo que haga con ellas.”

Hablaba, antes de almuerzo con una amiga queridísima, acerca de un problema que aquejaba a otra persona cercana suya. La introducción fue muy jocosa, pues me hizo notar que como yo veía “La jueza” (Chilevisión), podía orientarla. He tratado muchas veces de convencer a esta amiga de la calidad del programa, pues no solo enseña acerca de asuntos que, a veces, resultan distantes, sino – lo más importante – entrega rasgos de nuestra idiosincrasia, independiente de la categoría social. Aunque a nadie le importe, creo que mi amiga lo ve, pero para hacerme rabiar, dice que no. 

Y, como se puede presumir, lo vi: 

Un señor reclamaba contra su cuñada (ya viuda) porque esta ocupaba una casa que habían dejado los padres de los hermanos; exigía que la vendieran aduciendo que tenía problemas económicos y necesitaba el dinero; la mujer iba acompañada por su sobrina, una jovencita de 17 o 18 años (madre de un bebé de algo más de un año) estudiante de 3° Medio. Al darse cuenta mi querida Jueza de la precaria situación de la familia – vivían 9 personas en una casa pequeña, con una ampliación de construcción ligera -, llamó a la chica a su estrado y la aconsejó acerca de su futuro, porque, muy a su pesar, advertía escaso progreso en su familia, pues su situación era idéntica a la de su abuela, madre y tías. Le hizo notar que debía encarar su futuro con esfuerzo, no por ella, sino por su hijo, para que él, por lo menos, tuviese mejores horizontes. Y se despachó la frase con la que comienzo esta crónica: “No soy responsable de la familia ni de la vida que tengo; sí de lo que haga con ellas.”

El caso terminó feliz para ambos litigantes, pues la mujer se comprometió a pagar una bajísima suma de arriendo, hasta tanto consiguiese un subsidio habitacional, con lo cual podría vender la propiedad y repartir el dinero a los descendientes de los dos hermanos. 

Más allá de la solución, reflexiono: ¿Cuántos jóvenes habrá que, a veces por desidia, a veces por falta de oportunidades, marcan el rumbo que sus padres malamente les dieron y se eternizan en la precariedad? ¿Cuántos habrá, por el contrario, que se esfuerzan, surgen y mirando hacia atrás puede decir “gracias a tantos desvelos, mi familia progresa y mis hijos tienen un presente más apacible”?

Precario, a: designa a todo aquel o aquello que no posee los recursos suficientes, que es pobre en medios, o bien a lo inestable, inseguro y de poca duración. Viene del latín precarius, que califica a todo lo obtenido a base de ruegos y súplicas (y todo lo que se obtiene de favor no suele ser cuantioso ni suponer una situación permanente o duradera). Se deriva de prex, precis, ruego, súplica, que nos da preces. Del neutro plural del adjetivo, precaria, viene nuestra palabra patrimonial plegaria. Y también tenemos verbos como deprecar (orar), imprecar (maldecir), deprecación e imprecación.


Precario, ria. (Del lat. precarĭus). 1. adj. De poca estabilidad o duración. 2. adj. Que no posee los medios o recursos suficientes. 3. adj. Der. Que se tiene sin título, por tolerancia o por inadvertencia del dueño. 4. m. y f. Ur. Docente que ocupa un cargo provisionalmente.


Sinónimos: inseguro, escaso, inestable, efímero, apurado, limitado, pobre, insuficiente, frágil

Antónimos: sólido, estable, suficiente

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